Luis Alberto Solari

EL HOMENAJE FRAYBENTINO

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"Autorretrato con sombrero"-1939

"Soy Místico - Mágico. Pienso que estaba escrito: Fray Bentos me esperaba". Así se expresaba el artista Luis A. Solari en 1989. El Museo inaugurado entonces, es una estupenda casona neoclásica, cuya construcción original de hace cien años se destinó a sede de la Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos. La Intendencia Municipal de Río Negro tomó a su cargo el reciclaje de la obra contando con el aporte del arqto. Omar Britos y el arqto. César Barañano. Fue un reconocimiento en vida al maestro Solari.

Encrucijada de Mestizaje

Sobre el Río Negro, muy próxima al rio Uruguay, la ciudad de Fray Bentos tiene una dinámica propia. Afirma Miguel Battegazzore: "Fue un lugar privilegiado donde se multiplicaba prodigiosamente el ganado bravo, las gigantescas vaqueadas depredadoras"

Las instalaciones del Frigorífico Anglo que se proyectan hoy como Museo de la Revolución Industrial, el lugar reservado del Club de Golf de los ingleses, así como el centro poblado Nuevo Berlín y la propia Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos, hablan de un movimiento migratorio intenso, característico de las ciudades del litoral.

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“Las Mascaras de todo el año”

Solari pintor, recién vuelto a Fray Bentos en el año 1937, participa activamente en fiestas de carácter popular. Desde los disfraces a los carros, todo convoca a la creatividad y a la picardía.

Hombre de pocas palabras, profundamente bromista e irónico, refleja en Autorretrato con sombrero los rasgos indígenes que le llegan por vía materna. La experiencia como vendedor ambulante acercándose a los fogones y a las ruedas de mate de las estancias, los embarca en un clima de relatos y supersticiones, próximo a la infancia.

Alejándose progresivamente del naturalismo, realiza interesantes obras que el Museo exhibe en sus salas. Así aparece en dibujos y grabados, el Cristo-hombre asociado al sacrificio de todos los tiempos. En pinturas y grabados se destacan los gauchos como héroes de leyenda y corambreros, gauchos fieros y estáticos, historias de aparecidos y de luces malas, nostalgias propias de los amaneceres y crepúsculos del campo.

En 1948 es cuando Solari se propone inventar imágenes y composiciones del carnaval que sean más elocuentes que las palabras. El contenido de su obra es de refranes y de oontrarrefranes, apoyado en una concepción de la vida que sostiene que “las verdades tienen dos puntas”. Es el humor de los pueblos rioplatenses con algo de resignación: “Por cuatro días locos que vamos a vivir” “Total ¿para que?"

Entre lo fantástico y lo real esta el hombre que adopta la máscara animal o de otro hombre. Son las "máscaras de todo el año". Los viajes a Europa le permiten conocer en profundidad la obra de El Bosco, Brueghel y Goya, entre otros, iconografía que va volcando en pinturas y objetos, colages y grabados. La permanencia en Estados Unidos le posibilita el aprendizaje dominio de técnicas del grabado. De ahí pasa al reconocimiento nternacional.

La visita al Museo Luis A. Solari en Fray Bentos es importante para captar el ámbito en el cual yace la matriz de su obra. En una adecuada concepción espacial, es posible recorrer y valorar la trayectoria de cincuenta años de creación.

Estela Abal.

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EVOCACION SOLARIANA

Los jóvenes plásticos de hoy, a veces ansiosos por alcanzar niveles de notoriedad o reconocimiento, deberían saber que hace cuatro o cinco décadas esos niveles demoraban bastante más que hoy en el medio artístico uruguayo. Luis A. Solari, cuya reciente desaparición se lamenta todavia, fue un ejemplo de esas demoras: ya era un cuarentón cuando se alzó hacia planos de conocimiento general y de prestigio, apoyado en una obra de unidad y coherencia sin par. Gente memoriosa recordará que a fines de los años 40. Solari integró el Grupo Sáez junto a tres contemporáneos de talento singular (Espinola Gómez, Barcala, Ventayol): las exposiciones del grupo respaldaron el ingreso de todos ellos a una fama nacional que luego no decayó.

Desde entonces, la producción de Solari tuvo el sello inconfundible de su temática: una fauna rural donde eran habituales los desfiles de máscaras, los personajes humanos revestidos de cabezas de animal, como en una celebración carnavalesca. Detrás de esa apariencia festiva, y de una lectura superficial que podía dejar al observador un poco perplejo (porque la gente del campo uruguayo no emplea esos disfraces ni participa de esas fantasias tan frondosas) corría empero una segunda lectura, más honda y definitiva: el antifaz de sus personajes debía entenderse como la máscara menos visible que suele colocarse para ocultar la condición real de cada uno, la identidad que se disimula, los sentimientos que se repliegan.

Hay que pensar en las múltiples maneras en que el hombre se enmascara en la vida social, escondiendo su esencia detrás de los artificios del comportamiento. para advertir el alcance metafórico de los disfrazados de Solari, que por todo otro motivo constituían cortejos de notable sugestión visual, con un sesgo burlón para caracterizar a esos grupos donde parecían dialogar las cabezas de perro, de vaca o de burro como en una sutil caricatura de toda la comunidad y de sus habituales ritos de comunicación. Pero su intención (y su vuelo poético) iban más allá, cuando por ejemplo las figuras se echaban a volar o parecían devoradas por un monstruo mayor, porque en esos casos el mundo imaginativo del artista aludía a los impulsos de elevación interior o a las famas que a sociedad tiene de tragar -en tantos sentidos- a sus hijos.

Y aún por encima de las ramificaciones de significado de esas propuestas, la obra de Solari descollaba por la esplendorosa técnica que colocaba al servicio de los temas: como pintor, el dominio de la herramienta expresiva era soberano y no se limitaba a la aplicación del trazo o el color sino que se extendía al manejo magistral del collage, un terreno donde superponia capas de papel para delinear sus figuras, logrando que esas hojas encimadas agregaran un atractivo adicional a la imagen. Pero además como grabador, Solari exhibió niveles de sabiduría muy insólitos y logró que esa vertiente de su producción se convirtiera quizá en el sector más admirable de toda su obra, tanto en la delicia de sus composiciones de pequeño formato como en la fuerza soberana de sus ejercicios mayores.

Vivió mucho en Montevideo, mirando de reojo hacia su Fray Bentos natal, pero también residió largos años en Nueva York, como un emigrante de lujo que entró en contacto con eminentes talleres y corrientes expresivas de la gráfica y redondeó asi su formidable madurez. En los últimos años, empero, prefirió volver al país donde siguió trabajando con la perseverancia y la continuidad que los acompañaron toda la vida. En esas etapas recientes, tuvo la satisfacción de que se inaugurara en Fray Bentos un museo dedicado a su obra, privilegio que pocos creadores suelen tener en vida. Haber asistido personalmente a la apertura de ese museo, debe haber sido una de las gratificaciones perdurables en la existencia de Solari, pero fue sin embargo un simple acto de justicia hacia una de las personalidades de primera fila del arte plástico de este país del último cuarto de siglo. En ese sentido, las conciencias culturales -a menudo tardías- pueden descansar en paz.

J.A. (Jorge Abondanzza)


Como visitar el Museo.

En la calle Treinta y Tres Orientales sobre la Plaza Constitución, en una casa de carácter neoclásico con galerías laterales y agradable jardín, se encuentra el Museo Municipal Luis A. Solari de Fray Bentos.

Su acervo se compone de obras de diferentes etapas que en forma permanente son renovadas y que abarcan dibujos, grabados, collages, acuarelas, óleos y acrílicos, así como técnicas mixtas.

Cuenta con un servicio de guías y exhibición de videos con entrevistas a Solari, así como una biblioteca en formación. El horario de visita es de martes a domingos, ajustándose de manera muy sensible a las costumbres del público que lo frecuenta. Noviembre y diciembre, de 16 a 22 horas, Enero y Febrero: de 18 a 24 horas. Marzo en adelante: de 14 a 20 horas.

Arte y Diseño
Suplemento de El País
7 nov de 1993

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