Encrucijada de
Mestizaje
Sobre el Río Negro, muy próxima al rio Uruguay,
la ciudad de Fray Bentos tiene una dinámica propia. Afirma Miguel
Battegazzore: "Fue un lugar privilegiado donde se multiplicaba
prodigiosamente el ganado bravo, las gigantescas vaqueadas
depredadoras"
Las instalaciones del Frigorífico Anglo que se
proyectan hoy como Museo de la Revolución Industrial, el lugar reservado
del Club de Golf de los ingleses, así como el centro poblado Nuevo Berlín
y la propia Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos, hablan de un
movimiento migratorio intenso, característico de las ciudades del
litoral.
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“Las Mascaras de todo el
año”
Solari pintor, recién vuelto a Fray Bentos en el año
1937, participa activamente en fiestas de carácter popular. Desde los
disfraces a los carros, todo convoca a la creatividad y a la
picardía.
Hombre de pocas palabras, profundamente bromista e
irónico, refleja en Autorretrato con sombrero los rasgos indígenes que le
llegan por vía materna. La experiencia como vendedor ambulante acercándose
a los fogones y a las ruedas de mate de las estancias, los embarca en un
clima de relatos y supersticiones, próximo a la
infancia.
Alejándose progresivamente del naturalismo, realiza
interesantes obras que el Museo exhibe en sus salas. Así aparece en
dibujos y grabados, el Cristo-hombre asociado al sacrificio de todos los
tiempos. En pinturas y grabados se destacan los gauchos como héroes de
leyenda y corambreros, gauchos fieros y estáticos, historias de aparecidos
y de luces malas, nostalgias propias de los amaneceres y crepúsculos del
campo.
En 1948 es cuando Solari se propone inventar imágenes y
composiciones del carnaval que sean más elocuentes que las palabras. El
contenido de su obra es de refranes y de oontrarrefranes, apoyado en una
concepción de la vida que sostiene que “las verdades tienen dos puntas”.
Es el humor de los pueblos rioplatenses con algo de resignación: “Por
cuatro días locos que vamos a vivir” “Total ¿para que?"
Entre lo
fantástico y lo real esta el hombre que adopta la máscara animal o de otro
hombre. Son las "máscaras de todo el año". Los viajes a Europa le permiten
conocer en profundidad la obra de El Bosco, Brueghel y Goya, entre otros,
iconografía que va volcando en pinturas y objetos, colages y grabados. La
permanencia en Estados Unidos le posibilita el aprendizaje dominio de
técnicas del grabado. De ahí pasa al reconocimiento
nternacional.
La visita al Museo Luis A. Solari en Fray Bentos es
importante para captar el ámbito en el cual yace la matriz de su obra. En
una adecuada concepción espacial, es posible recorrer y valorar la
trayectoria de cincuenta años de
creación.
Estela
Abal.
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EVOCACION SOLARIANA
Los
jóvenes plásticos de hoy, a veces ansiosos por alcanzar niveles de
notoriedad o reconocimiento, deberían saber que hace cuatro o cinco
décadas esos niveles demoraban bastante más que hoy en el medio artístico
uruguayo. Luis A. Solari, cuya reciente desaparición se lamenta todavia,
fue un ejemplo de esas demoras: ya era un cuarentón cuando se alzó hacia
planos de conocimiento general y de prestigio, apoyado en una obra de
unidad y coherencia sin par. Gente memoriosa recordará que a fines de los
años 40. Solari integró el Grupo Sáez junto a tres contemporáneos de
talento singular (Espinola Gómez, Barcala, Ventayol): las exposiciones del
grupo respaldaron el ingreso de todos ellos a una fama nacional que luego
no decayó.
Desde entonces, la producción de Solari tuvo el sello
inconfundible de su temática: una fauna rural donde eran habituales los
desfiles de máscaras, los personajes humanos revestidos de cabezas de
animal, como en una celebración carnavalesca. Detrás de esa apariencia
festiva, y de una lectura superficial que podía dejar al observador un
poco perplejo (porque la gente del campo uruguayo no emplea esos disfraces
ni participa de esas fantasias tan frondosas) corría empero una segunda
lectura, más honda y definitiva: el antifaz de sus personajes debía
entenderse como la máscara menos visible que suele colocarse para ocultar
la condición real de cada uno, la identidad que se disimula, los
sentimientos que se repliegan.
Hay que pensar en las múltiples
maneras en que el hombre se enmascara en la vida social, escondiendo su
esencia detrás de los artificios del comportamiento. para advertir el
alcance metafórico de los disfrazados de Solari, que por todo otro motivo
constituían cortejos de notable sugestión visual, con un sesgo burlón para
caracterizar a esos grupos donde parecían dialogar las cabezas de perro,
de vaca o de burro como en una sutil caricatura de toda la comunidad y de
sus habituales ritos de comunicación. Pero su intención (y su vuelo
poético) iban más allá, cuando por ejemplo las figuras se echaban a volar
o parecían devoradas por un monstruo mayor, porque en esos casos el mundo
imaginativo del artista aludía a los impulsos de elevación interior o a
las famas que a sociedad tiene de tragar -en tantos sentidos- a sus
hijos.
Y aún por encima de las ramificaciones de significado de
esas propuestas, la obra de Solari descollaba por la esplendorosa técnica
que colocaba al servicio de los temas: como pintor, el dominio de la
herramienta expresiva era soberano y no se limitaba a la aplicación del
trazo o el color sino que se extendía al manejo magistral del collage, un
terreno donde superponia capas de papel para delinear sus figuras,
logrando que esas hojas encimadas agregaran un atractivo adicional a la
imagen. Pero además como grabador, Solari exhibió niveles de sabiduría muy
insólitos y logró que esa vertiente de su producción se convirtiera quizá
en el sector más admirable de toda su obra, tanto en la delicia de sus
composiciones de pequeño formato como en la fuerza soberana de sus
ejercicios mayores.
Vivió mucho en Montevideo, mirando de reojo
hacia su Fray Bentos natal, pero también residió largos años en Nueva
York, como un emigrante de lujo que entró en contacto con eminentes
talleres y corrientes expresivas de la gráfica y redondeó asi su
formidable madurez. En los últimos años, empero, prefirió volver al país
donde siguió trabajando con la perseverancia y la continuidad que los
acompañaron toda la vida. En esas etapas recientes, tuvo la satisfacción
de que se inaugurara en Fray Bentos un museo dedicado a su obra,
privilegio que pocos creadores suelen tener en vida. Haber asistido
personalmente a la apertura de ese museo, debe haber sido una de las
gratificaciones perdurables en la existencia de Solari, pero fue sin
embargo un simple acto de justicia hacia una de las personalidades de
primera fila del arte plástico de este país del último cuarto de siglo. En
ese sentido, las conciencias culturales -a menudo tardías- pueden
descansar en paz.
J.A. (Jorge
Abondanzza)
Como visitar el
Museo.
En la calle Treinta y Tres Orientales sobre la
Plaza Constitución, en una casa de carácter neoclásico con galerías
laterales y agradable jardín, se encuentra el Museo Municipal Luis A.
Solari de Fray Bentos.
Su acervo se compone de obras de diferentes
etapas que en forma permanente son renovadas y que abarcan dibujos,
grabados, collages, acuarelas, óleos y acrílicos, así como técnicas
mixtas.
Cuenta con un servicio de guías y exhibición de videos con
entrevistas a Solari, así como una biblioteca en formación. El horario de
visita es de martes a domingos, ajustándose de manera muy sensible a las
costumbres del público que lo frecuenta. Noviembre y diciembre, de 16 a 22
horas, Enero y Febrero: de 18 a 24 horas. Marzo en adelante: de 14 a 20
horas.
Arte y Diseño Suplemento de El
País 7 nov de
1993
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